RECUERDOS DE UNA NOCHE DE PESADILLA

0

HACE 73 AÑOS LAS RADIOS Y DIARIOS ANUNCIABAN LA TOTAL DESTRUCCION DE CASARES POR UN CICLÓN

Se cumplieron 73 años del terrible fenómeno que descargó su furia sobre Casares, exactamente el 12 de septiembre de 1946.

NO DURÓ UN MINUTO

(El Oeste reflejaba así los hechos de la tragedia).

El 11 de septiembre, la víspera hizo un día típicamente de verano, más bien “pesado”, Sobre las 18 horas el cielo se mostraba casi totalmente enrojecido, no ofreciendo un aspecto normal pues hasta muy entrada la noche grandes franjas rojizas se mantenían sobre el horizonte. La noche se presentó calurosa, serena, de una quietud extraordinaria, no soplando la más leve brisa. Así hasta la 1,30 de la madrugada fatídica del 12 de septiembre.

Aproximadamente a la hora mencionada densos y negros nubarrones comenzaron a cubrir el cielo. La tormenta se formó rápidamente. Algunos vecinos que observaban el cielo se restregaron las manos contentos, ante la proximidad de una lluvia que “hacía falta”.

A las 2,20 horas, la viva luz de un relámpago iluminó la ciudad y estalló un trueno terrible. Minutos después –2,30 horas- se oyó un ruido ensordecedor que iba “increscendo”. Y sobrevino algo así como una explosión. Un sector de la ciudad sintió el sacudimiento. Pero no tuvo tiempo de ponerse a cubierto. El fenómeno había durado escasamente 50 segundos. Ese fue realmente el ciclón, término con el que disentimos, porque no tuvo características de tal, sino más bien de violentísimos remolinos que lo asemejaban a una verdadera tromba terrestre. No cayó una sola gota de agua y a los pocos minutos el cielo recobraba su aspecto normal. En el aire, pesado y caluroso, quedó flotando un fuerte olor a azufre.

 

13 MUERTOS Y MÁS DE 200 HERIDOS

 

Pero lo que aparentemente no había sido más que un fortísimo golpe de viento terminaba de sembrar no sólo el pánico, sino también la muerte y la ruina en diversos sectores de la ciudad y el campo.

Cabe consignar los curiosos efectos del fenómeno que no solo volteó fuertes construcciones sino arrancó viejos y corpulentos árboles de cuajo y hasta dobló los rieles del ferrocarril en forma inverosímil. Vimos en aquella ocasión un enorme árbol arrancado de raíz y al lado, a pocos metros, una débil casilla de madera que no había sido alcanzada lo que demuestra, sin ninguna duda, que el viento accionó en movimientos giratorios.

Una de las localidades más castigadas fue Mauricio Hirsch, donde el fenómeno dejó claras marcas de su paso.

13 muertos y más de 200 heridos arrojó  la catástrofe, alcanzando las pérdidas materiales cifras millonarias.

El pueblo y las autoridades se movilizaron rápidamente para socorrer a las víctimas, muchas de las cuales yacían bajo los escombros.

En medio de una densa oscuridad –hacía varias noches que el alumbrado público no funcionaba- se procedió nerviosamente a la búsqueda de cuerpos muniéndose policías y vecinos de faroles y picos. Configuró un espectáculo impresionante la búsqueda de los cadáveres de la familia Pajón, aplastados bajo una pila de ladrillos y chapas retorcidas.

Mientras tanto, en la morgue del hospital se iban depositando los cuerpos de las infortunadas víctimas. A las 5 de la madrugada, un cronista de “El Oeste” y el fotógrafo señor Jacobo Sadovsky, se hacían presentes en el hospital donde registraron diversas placas, lo mismo que de muchos sitios donde la tromba causó estragos, fotografías que oportunamente fueron publicadas. A las pocas horas “ElOeste” lanzaba un boletín especial, arrebatado por el público. Señalamos que las primeras informaciones remitidas a los diarios de la Capital Federal por sus enviados especiales fueron obtenidas precisamente del mencionado boletín.

Compartir