CAMPOS DE CONCENTRACIÓN DE AUSCHWITZ

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75 AÑOS DEL FINAL DE SU HORROROSA FUNCIÓN

Este 27 de enero se cumplen 75 años que las tropas soviéticas liberaron el mayor campo de concentración de la Segunda Guerra Mundial, creado por los nazis.

Auschwitz es una localidad cercana a Cracovia en Polonia, país éste que había sido ocupado por las tropas de Hitler a poco de iniciarse la guerra. Precisamente, donde antes hubo unas barracas pertenecientes al ejército polaco, destrozado por las fuerzas nazis de ocupación, se construyó este complejo del horror y símbolo excluyente del Holocausto.

Dicho complejo de tortura y exterminio comenzó a funcionar en mayo de 1940 y se componía de tres áreas principales Auchwitz, Birkenau y Monowitz y cuarenta y cinco campos satélites más. Allí funcionaban los campos de concentración, exterminio y trabajos forzados. En su entrada, escrito en alemán existe un cartel que dice “El trabajo libera”, como una ironía del destino para, los aproximadamente, un millón trescientos mil seres humanos que allí estuvieron detenidos, siendo asesinados alrededor de un millón cien mil de ellos.

Hacia ese lugar convergían los trenes que llevaron, bajo la siniestra custodia de la SS, un 90 % de prisioneros judíos de distintos países, principalmente del este de Europa. El resto estaba compuesto por gitanos, comunistas, polacos disidentes, homosexuales y prisioneros de guerra.

La maquinaria del horror consistía en trabajos forzados, celdas de tortura y aislamiento, cámaras de gas y crematorio. Los hombres y las mujeres tenían pabellones diferentes.

 

Los responsables

del Campo

de Concentración

 

Todos respondían a la autoridad del führer Adolph Hitler, pero el principal cerebro de la organización de esos campos del horror fue  Heinrich Himmler.

El campo estuvo dirigido sucesivamente por  Rudolf Höss , Arthur Liebenhens-chel  y Richard Baer.

El primero, Höss fue capturado después de la guerra, juzgado por el tribunal de los Juicios de Nüremberg y ejecutado por ahorcamiento en 1947, frente a donde se hallaba el crematorio.

El segundo, Liebenhens-chel, fue ejecutado por un tribunal polaco en 1948 .

El tercero, Baer, logró fugarse, pero recapturado en 1963, en Hamburgo, se ahorcó en su celda antes de ser procesado.

 

Los Juicios de Nüremberg

y su deuda eterna

 

Finalizada la Segunda Guerra Mundial y consumada la derrota del Tercer Reich a manos de los ejércitos de la URSS y de los aliados (EEUU, Gran Bretaña y Francia), como así también el triunfo de EEUU en el Pacífico sobre el imperio japonés, se iniciaron los juicios que involucraban principalmente a los nazis en la ciudad alemana de Nüremberg

Muchos jerarcas nazis fueron ejecutados y otros condenados, algunos, pasado un tiempo, recobraron la libertad. Una cantidad importante lograron fugarse, incluso con la complicidad de quienes debieron enjuiciarlos, quizás por conveniencia de los vencedores o por intereses técnicos, científicos y económicos.

Lo cierto es que muchos empresarios alemanes que fueron colaboracionistas del nazismo siguieron amasando fortunas en la posguerra y participaron de la reconstrucción que propiciara EEUU a través del Plan Marshall.

Como parte de lo parcial que fueron estos juicios queda la deuda eterna sobre quienes juzgarán a los responsables estadounidenses de las masacres de Hiroshima y Nagasaki, cuando ya no era necesario arrojar esas bombas que exterminaron y contaminaron a cientos de miles de víctimas inocentes, habida cuenta de la inminente rendición del Emperador japonés.

Algo similar sucedió con el bombardeo a  la ciudad de Dresden, cercana a Berlín, por parte de la aviación británica a pocos días de la rendición del Tercer Reich, donde fueron asesinados más de quinientas mil personas inocentes.

Pero claro, es común decir “la historia la escriben los ganadores”, por lo menos la historia oficial, lo cual significa que hay otras corrientes de pensamiento para que nunca se olviden estos terribles crímenes de lesa humanidad, sean quienes sean los responsables.

No obstante y volviendo al tema principal, lo de Auschwitz es una muestra elocuente de lo que la humanidad no debería padecer jamás, aunque no haya sido lo último que pasó ni pasará en la locura de las guerras.

 

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