EDITORIAL

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Después del niño ahogado María tapa el pozo

El país entero ha quedado impresionado y horrorizado por el brutal asesinato de Fernando Báez Sosa de 18 años en Villa Gesell por una patota de rugbiers que  lo golpeó indefenso y salvajemente hasta matarlo. El alcohol y las drogas es causa de riñas callejeras, escándalos en la playa con secuelas de heridos y contusos, obra de jóvenes alcoholizados y probablemente drogados que no respetan a nada ni a nadie agrediendo a quienes critican o se oponen a sus desmanes.

Y ahora recién el intendente de Villa Gesell ha intervenido prohibiendo el alcohol en lugares públicos. Después de mil peleas y escándalos públicos ocasionados por manadas de jóvenes que salen de los boliches a la mañana a masacrarse en las calles o en las playas.

En Casares salvo algunos acontecimientos aislados no existen demasiados problemas, aunque se sabe que en las fiestas privadas corre el alcohol sin restricciones. Al respecto el intendente fue claro que actuará para evitar excesos y sus consecuencias.

No es raro ver a jóvenes en lugares públicos con botellas de cerveza o cajas de vino. El control y la prohibición son fundamentales, como también la vigilancia policial y de la Guardia Urbana.

No debemos esperar otro caso Fernando y después salir con decretos y ordenanzas para evitar que se repita. Y si esas normas existen deben hacerlas cumplir.

 

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