9 DE JULIO DE 1816 –DÍA DE LA INDEPENDENCIA DE LAS PROVINCIAS UNIDAS DE SUDAMÉRICA

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También denominadas Provincias Unidas del Río de la Plata, un grupo de provincias de la actual República Argentina, con excepción de las del litoral y las ocupadas por los pueblos originarios declararon su “independencia de Fernando VII, sus sucesores y metrópoli”, agregándole en los días siguientes “y de toda otra dominación extranjera”.

Dicha declaración, como bien sabemos todos, se produjo en el marco del Congreso de Tucumán, convocado por el Directorio, a los efectos de contar con un respaldo legal para encarar las luchas por la emancipación que el general San Martín preparaba desde Mendoza, donde era gobernador-intendente y el organizador del ejército de Los Andes.

San Martín exigía al Congreso con premura esa declaración, habida cuenta del cerco y avance de las tropas españolas desde el Perú, y que Güemes con sus gauchos interceptaba en el norte por medio de la guerra de recursos (o de guerrillas).

Por otra parte, se terminaba la excusa del rey prisionero, porque Fernando VII después de la derrota de Napoleón en Waterloo, quedaba libre, retornaba al trono en España y amenazaba con enviar un poderoso ejército para derrotar a las provincias sublevadas en contra del poder español.

Por eso San Martín estaba urgido y exigía esa declaración, para poder llevar adelante su Plan Continental.

Artigas y los Pueblos Libres

lideradas por el caudillo oriental, las provincias de Entre Ríos, Corrientes, Santa Fe, la Banda Oriental, los pueblos de las Misiones, y un breve período Córdoba, se habían rebelado contra el centralismo porteño y habían constituido la Liga de los Pueblos Libres.

Estos pueblos que reivindicaban el sistema de Confederación, estaban en contra del centralismo porteño, querían la declaración inmediata de la Independencia y abogaban por un sistema republicano se habían reunido en el Congreso de Oriente, Arroyo de la China, Concepción del Uruguay y si bien no hay actas de declaración de independencia, era el motivo principal que los animó a reunirse un año antes del Congreso de Tucumán.

Este es el motivo por el cual los porteños rechazaban el poder de Artigas, hecho que ya se había producido en la Asamblea del año XIII, cuando las instrucciones eran: la declaración inmediata de la independencia, la organización de las provincias bajo un sistema republicano y federal, la igualdad de todos los hombres ante la ley, la libertad civil y religiosa y que la capital no fuera Buenos Aires.

Pero el proyecto artiguista nunca fue aceptado por Buenos Aires, que a su vez proponía el suyo y fue lo que se debatió en Tucumán en julio de 1816.

No obstante, declarada la Independencia, el Congreso, que había aprobado la designación de Juan Martín de Pueyrredón como Director Supremo debía avanzar con los otros objetivos que había fijado en la convocatoria: la forma de gobierno y la sanción de la Constitución para el nuevo país. Ambos fracasaron en lo inmediato.

La propuesta de Belgrano y San Martín para gobernar era la de una monarquía constitucional, teniendo en cuenta el retorno de las monarquías absolutas en Europa y la presión internacional que habría al respecto, además ese monarca, según Manuel Belgrano debía ser un descendiente de Tupac Amarú, o sea de la dinastía incaica, lo que fue rechazado por los representantes porteños que eran mayoría.

En lo referente a la Constitución, al poco tiempo el Congreso se trasladó a Buenos Aires y allí elaboró una Constitución de carácter unitario en 1819, pero esta fue rechazada por las provincias.

En definitiva, se había declarado la Independencia, pero quedaba mucho camino por recorrer, pues no solo era adverso el panorama internacional, sino que se avecinaban tiempos peores en el conflicto con las provincias del litoral y la Banda Oriental acaudilladas por Artigas. La histórica grieta entre federales y unitarios estaba abierta.

Las guerras civiles desangraron a las provincias, la organización nacional llevaría décadas y aún hoy, el declamado federalismo, en muchos aspectos, ha sido vulnerado.

A pesar de todo, la Independencia política se fue haciendo reconocer, aunque España recién lo hizo cincuenta años después.

Para el logro de una patria justa, libre y soberana todavía quedan muchas cuentas pendientes, pero el camino iniciado aquel 25 de Mayo de 1810 con la destitución del virrey, le muestra al mundo seis años después, la declaración de la Independencia el 9 de Julio de 1816. A pesar de todo, nadie podrá impedir el grito de  “VIV

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