EDITORIAL

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UN AÑO SABÁTICO “FORZADO”

No es una costumbre latina, es anglosajona, se la denomina “gap year”, aunque ya lo están adoptando numerosos países. Se trata de un paréntesis o un espacio entre dos épocas que se toma para  viajar, conocer, estudiar idiomas, aprender  desde la experiencia directa, ingresando esa experiencia en el currículum de cada uno, como una fase positiva que deja un saldo interesante. Decíamos que en los países anglosajones es normal, también en los nórdicos y ya se está viendo en personas de lengua castellana  que han terminado sus estudios y se “borran” por un año de sus vidas, del mundo habitual en el que conviven para ingresar luego a la vida laboral totalmente descansados y enriquecidos de nuevas experiencias.

¿Ha sido la pandemia un “gap year” o año sabático, o en nada se le parece salvo por estar “borrados” desde hace prácticamente un año, alejados de nuestras tareas habituales, haciendo cualquier cosa menos nuestra rutina diaria, llámese estudio, trabajo, etc.?.

Nada que ver, el año sabático produce placer, se disfruta, es positivo, en cambio la cuarentena o “paréntesis» al que nos sometió la pandemia es completamente negativo. Al final de cada día nos hemos dado cuenta que no hemos hecho nada provechoso, que el tiempo pasó en blanco, que el aislamiento involuntario dejó huellas negativas, cicatrices de vacíos imposibles de llenar . Que pudimos conocer facetas de nuestra personalidad que nos eran desconocidas, y que por cierto nos asustaron un poco.

Cuesta y mucho aceptar que aún falta lo más importante, aceptar que todo lo que hemos hecho no ha sido por nada, que en la antesala de recibir la vacuna debemos prepararnos para lo mejor. Que el mal llamado “año sabático” fue tan sólo un acto de supervivencia del que saldremos fortalecidos y mejores.

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