UN FOGONAZO DE TRISTEZA

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Falleció el fotógrafo Enrique “Pato” Méndez

La noticia del fallecimiento del fotógrafo Enrique “Pato” Méndez (76), también conocido por “Fogonazo”, nos partió el corazón. El 90% de las fotos de El Oeste en los últimos cincuenta y pico años, llevaron el sello de “Foto Méndez”, al desvincularse Enrique Méndez como linotipista y dedicarse por entero a la fotografía instalando su estudio y dándole a cada acontecimiento una publicidad extra, al incluir las fotos en las páginas de El Oeste.

Siendo Enrique hijo de una humildísima familia, comenzó en El Oeste como canillita ganándose unos pesitos con los cuales contribuía al ingreso familiar. Fue así que luego ingresó como aprendiz de tipógrafo en épocas en que las páginas de El Oeste se hacían a mano, letra por letra. Y así fue que Enrique aprendió ese trabajo hasta que la modernidad superó esa manera artesanal de “armar” el periódico, aprendiendo el oficio de linotipista, trabajo que realizó varios años hasta aventurarse en los secretos de la fotografía instalando su propio estudio.

Casado con Angélica Alcaráz, una compañera que fue su soporte y guía, Enrique fue progresando hasta convertirse  en uno de los fotógrafos más requeridos de la ciudad. De la unión con Angélica nacieron dos hijas, Soraya y Selva., la primera de ellas jefa de fotografía de la municipalidad.

Hasta aquí una reseña mezquina de la trayectoria de Enrique Méndez. Dejamos para los integrantes de El Oeste el dolor profundo que nos causa su partida. Era Enrique una parte de El Oeste, su relación era carnal, un sentimiento de amistad que excedía las relaciones laborales para adentrarse en un afecto sanguíneo que trascendía todas la circunstancias.

Desde algún tiempo ya Enrique sufría una dolencia cardíaca, siendo internado en La Plata de donde regresó con un tratamiento severo que lo llevó a abandonar su actividad de fotógrafo, para dedicarse al descanso que bien merecido tenía. Días pasados acusó un malestar preocupante, debió ser internado en el hospital local, y sin lograr la mejoría deseada dejó este mundo rodeado de los suyos, que se ahogaron en llanto al darle su último adiós.

La noticia de su fallecimiento no trascendió como debiera. Se viven tiempos difíciles en los cuales hasta los muertos no son homenajeados como corresponde.

Vaya nuestra despedida, su recuerdo será eterno, una parte de El Oeste se va con él. Nos quedan las anécdotas, la noches enteras trabajando en el taller, los famosos cuentos del “Pato” y la quiniela y más, mucho más, que guardamos para teñir con una cuota de humor nuestras vigilias.

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