EDITORIAL

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TRAS QUE ÉRAMOS POCOS, PARIÓ MI ABUELA…

No es soez un refrán cuando encierra un sentido humorístico. ¿Verdad?. Es altamente probable que muchos no estén de acuerdo. De ser así, mil perdones.

No cabe duda alguna que los habitantes de las localidades del campo, las mismas que viven con angustia un constante éxodo de su población, están ansiosos porque en las muchas casas desocupadas y otras abandonadas se radiquen nuevos vecinos dispuestos a instalar comercios, alguna industria, ser profesionales o simplemente dispuestos a trabajar en nuevas actividades que promuevan el crecimiento de sus pueblos. Pero, claro está, el recelo y la desconfianza alimentan la incertidumbre respecto a sus antecedentes y la palabra bienvenidos se atora en sus gargantas por temor a una desilusión.

Vayamos al grano, el motivo de la presente es la radicación en la localidad de Smith de varias familias de origen formoseño, dos de ellas tras adquirir sus viviendas y la otra u otras establecidas en casas abandonadas y prácticamente en ruinas.

Hablamos con gente de Smith y fueron cautos en sus respuestas, aunque no podían ocultar su preocupación porque había al parecer situaciones que no cerraban, máxime que la desaparición del celular de un vecino y su investigación del hecho que permitió comprobar que el autor era un jovencito hijo de una de esas familias. El padre del muchacho indignado por lo sucedido le dio una soberana paliza, confesando el autor del robo el lugar donde escondía ese celular y algún otro efecto producto de sus raterías.

Una de las personas consultados manifestó que la policía en estos casos de radicación de personas desconocidas en la localidad debía ameritar una averiguación de antecedentes, algo que debía considerarse de práctica al radicarse en la pequeña localidad gente de otro lugar. Por el momento es todo lo que podemos decir y no queremos abrir juicio sobre la honestidad de dichas personas, pero lo esencial es que se realicen las averiguaciones pertinentes para evitar problemas.   

 

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