EDITORIAL

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LAS ORILLAS…

ASÍ SE LLAMABA A LOS BARRIOS PERIFÉRICOS DONDE VIVÍA LA GENTE DE MENOS RECURSOS

Quienes han tenido la fortuna de vivir en los últimos 80 o más años en Carlos Casares pueden contar con detalles como era aquel Casares de antaño comparado con  el Casares de hoy. El primero, en los años 30 y pico era apenas una aldea con calles de tierra, mucha gente de a caballo y recién en el 32 se hizo el asfalto viejo en el centro de la ciudad. Era un asfalto espectacular, nada que ver con los que le sucedieron. Al resto del pueblo le decían “las orillas”, preferiblemente residencia de vecinos más bien pobres y a medida que se extendía los “verdaderos” pobres en sus casas de chapas algunas de adobe y las pocas, de construcción normal, con cientos de carencias, baños afuera, cocinas a leña y pisos de tierra. Se construyó la comisaría, el telégrafo y en el 30 el edificio municipal, el más importante de la ciudad. Su costo fue de 250.000 pesos de entonces. Y a partir de allí las escuelas, los clubes y demás instituciones y con la industrialización del girasol en el país comenzó a sembrarse en nuestro partido. José Pisarevsky, Oscar Zolezzi y León Burda fueron los primeros compradores de girasol en Carlos Casares.

El crecimiento fue expo-nencial en todo sentido, nos llevaría mucho espacio el detalle. Pero de aquel Casares-aldea ya queda poco y nada, crecimiento que se extendió a los pequeños pueblos del interior.  Aquella pobreza estructural fue desapareciendo, había más trabajo, las familias muy pobres eran atendidas. Se inauguró la actual Iglesia Parroquial,  en el ´48 pasó la ruta 5 por Casares, gran acontecimiento, fue creado el Colegio Nacional., el Cuerpo de Bomberos Voluntarios, la Estación de Colectivos, etc, etc,.etc., . Nuevo asfalto, “las orillas” se fueron reduciendo junto con la cantidad de pobres, se fueron construyendo barrios y sin parar un solo día de crecer llegamos al Casares de hoy. “Las orillas” y los pobres de toda pobreza desaparecieron con el progreso. Hoy quedan apenas algunos vestigios, y cuando algún vecino que apaga más de 80 velitas se entera que alguien vive a 8 ó 10 cuadras del centro de la ciudad, dice: “Vive por las orillas”.

 

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